20 al 22-05-2008 : Naxos

By micuenta

Me encontraba yo saltando de un edificio a otro cuando de pronto sonó el teléfono: “Kalimera. It’s 5:45, Sir. Have a nice day!” Salté de la cama y mientras me terminaba de lavar los dientes, llegó el desayuno. Eran las 6:00AM.

Eva lentamente comenzó a despertarse, se bañó, se sentó en la cama, lentamente comenzó a guardar sus “cositas” (quien conoce a esta mujer sabe que tiene cientos y cientos de cosas, y para cada cosa una bolsita, y para cada bolsita un bolsillo y para cada bolsillo un cierre). Lo único que yo decía era: “Eva, estamos tarde” y ella “Tranquilo, hijo”.

Finalmente, cuando eran las 7:00AM bajé al lobby con la maleta mientras ella siguió haciendo vaya Dios a saber qué cosa. Allí me recibieron dos tipos del hotel que me dieron los buenos dias, me llamaron un taxi, me llevaron la maleta… toda esa serie de “sobre cuidados excesivos por parte de desconocidos” que uno sólo vive en los hoteles. No sé si esto me pasa sólo a mí, pero cuando estoy en un hotel –y más tratándose de un 5 estrellas como era el caso– uno siente que puede hacer cualquier cosa, pongamos por ejemplo cagarse en medio del lobby, y seguramente aparezca un botón que con un tono amable y la sonrisa tatuada nos diga:“¿El señor precisa papel?” o mejor aun “Deje, yo me encargo”.

El caso es que mientras toda esta buena gente me hacía sentir importante, vi llegar a la señorita Evangelía.
Eran las 7:10AM en mi reloj.

-El taxi está en la puerta –dije.
-A que hora sale el barco –preguntó el conserje.
-7:45 –respondió ella.
-Deben apurarse.

Aquí me veo forzado a usar una frase muy trillada de película de suspenso… “De repente lo comprendí todo”: ¡claro! La muy fresca creía que nos quedaban aun 40 minutos, y en realidad el barco partía 7:25AM!!!!

Subimos al taxi, un Mercedes 320. A esta altura yo me sentía en una película al estilo “Bourne Identity”. El chofer del taxi tenía un GPS que le marcaba hasta las congestiones de las calles. Eva comprendió entonces que estaba equivocada. Durante todo el viaje ella intentaba justificar el motivo del retraso y argumentaba sofísticamente. Llegamos al puerto: 7:24AM. Estaban desamarrando el ferri. Entramos entre camiones de carga y a nuestras espaldas, se levantó la puerta. Eran las 7:25AM y estábamos rumbo a Naxos. Literalmente no perdimos el barco por 20 segundos.

El ferri se detuvo primero en Paros y tras 4 horas de viaje, llegamos a Naxos.
Cuando desembarcamos, caminamos unos metros hacia el final del puerto donde se estacionan los tipos de los hoteles. De modo que cuando uno pasa, ellos te van contando dónde están, qué tienen y cuánto valen. Allí conseguimos hospedaje por un cómodo precio (recordar que esto sigue siendo un mercado persa, de modo que el primer precio que arrojan es sólo el inicio de un juego de regateo).
El hombre del hotel nos llevó en un minibus, nos mostró el lugar, la pileta, la habitación y allí nos dejó. A penas llegamos, dejamos las cosas y fuimos a alquilar unos cuatrimoto para ir a recorrer la isla.

Naxos es la más grande de las islas cicládicas. Deliciosas comida, grandes playas de agua cristalina, y algunas ruinas. Un lugar donde los turistas son griegos, y no hay muchos extranjeros.

Aprovechamos para ir a pasear un poco a las playas del sur y comer algo en unos de esos restaurantes de playa. Luego volvimos y nos topamos con una playa vacía con algunos médanos donde dimos una vueltas con los cuatri.

Tras esto, regresamos al hotel. Es muy difícil no perderse, ya que son todas callecitas angostas y todas parecidas. Así fue que luego de encontrar el hotel, tratamos de recordar el camino y salimos a cenar.
Fuimos a cenar puerto. La calle principal del puerto está llena de restaurantes con mesas en la puerta. Elegimos uno que habíamos visto como recomendado en “Lonely Planet”: “IRINI’S”. Cenamos una ensala con tomates secados al sol, lechugas, rúcula, pepino y aceitunas negras, Eva pidió un atún grillado con arroz y yo comí algo delicioso: Mousaká. Pasa algo muy chistoso con el mousaká, todos el mundo te recita los mismos ingredientes (berenjenas, bechamel, parmessano, carne picada, papas, tomate) pero no he visto 2 personas que lo preparen igual. El de este lugar fue excelente y me recodó entre bocados al pastel de papas de mi vieja.

Luego de comer caminamos hasta las motos. Eva no se acordaba dónde había dejado llave de la suya, hasta que se dio cuenta de que en realidad nunca la había sacado de la moto: de modo que allí estaba la moto con la llave puesta, los cascos y todo. Nos fuimos a recorrer la ciudad alrededor del puerto, haciendo mucho ruido por las callecitas donde todo retumba.
Mágicamente regresamos al hotel sin perdernos y nos acostamos.

A la otra mañana nos levantamos y decidimos ir hasta Apollon, una villa junto al mar a unos 40km del centro, donde se encuentra una estatua (kouro) de Dionisos a medio hacer.
Llenamos el tanque de las motitos y nos fuimos. El viaje fue lo máximo. Íbamos por una ruta vacía, entre molinos generadores de energía eólica (no puede evitar recordar lo que me contaba Diego en relación a la wind farm de Australia), subiendo y bajando montañas, y al final de cada montaña una playa nueva, una laguna, cabras, granjas de paneles de abejas, vacas, de todo menos humanos. Estábamos maravillados.
Paramos en algunas playas para nadar un ratito y Eva aprovechó para usar su cámara bajo el agua y hacer algunas fotos chistosas.

Seguimos nuestro camino a Apollon, nos topamos con una torre del siglo VI y luego de casi 6hs de viaje llegamos a la estatua de Dionisos.

Desde ese lugar divisamos una pequeña población alrededor de una bahía en donde había algunos barquitos y lo más importante: una serie de restaurantes. Siendo que no habíamos comido nada en todo el día, resolvimos que tal situación debía finalizar en ese momento.

Al llegar nos dimos una vuelta por la playa, la cual tenía algunas restricciones que supimos ignorar adecuadamente.

Luego, elegimos un lugar para comer y allí nos atendió una joven de 75 años llamada Delfina, dueña del sitio que llevaba su nombre: Delfinaki.
Delfina nos preparó una ensalada griega, saganaki, tsatziki y demás. También nos trajo dos zumos de naranja compradas en la tienda de al lado, y agua “Del grifo. No gasten plata en agua, nuestra agua es muy buena”.

Llegó la noche entre la cena y las charlas de Delfina que sólo hablaba griego, y lo hablaba sin parar. Nos despedimos y debimos emprender camino hacia el hotel.
La ruta durante la noche fue genial. Ni una luz. Cada tanto parábamos al costado de la ruta, apagábamos los motores y las luces y nos quedábamos callados al borde del precipicio escuchando los fuertes vientos y mirando el inmenso cielo colmado de estrellas.
Luego de manejar por más de una hora regresamos al hotel y tras un baño caliente nos acostamos. Fue una gran experiencia.

A la otra mañana fuimos a desayunar y a conocer un castillo que hay detrás del puerto. Un lugar similar a una aldea de cuento, lleno de callecitas de no más de 70 centímetros. Regresamos para dejar las motos y mientras esperábamos el barco, aprovechamos para visitar las ruinas del templo de Apolo, frente al puerto de Naxos, del cual solo queda un portal.

2 comentarios para “20 al 22-05-2008 : Naxos”

  1. Rominita Dice:

    faaa
    genial todo el relato!!!
    =)

  2. Débora Dice:

    Mi parte favorita es… el video!

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