Tía Mery nos llevó a la parada del bus después de almorzar y nos embarcamos vía a Atenas.
Después de una hora de viaje llegamos a Atenas. Finalmente una ciudad con transporte público accesible. Con €0.80 te podés montar en todo el trasporte disponible (metro, tren, bus, tranvía) durante 1:30hs después de validar el boleto. No hay barreras que impidan el paso a nada, así que confían en la honestidad de la gente, ya que rara vez se ve a alguien controlando los boletos.
Salimos del bus y tomamos un metro. Luego de dos estaciones llegamos a la Plaza Síntagma, la plaza principal o la de la Constitución. Cuando llegamos estaba lloviznando, pero el tiempo que tardamos en ponernos el abrigo fue suficiente para que dejara de llover.
Salimos del metro, cruzamos la plaza frente al Parlamento y fuimos al “Athens Plaza”, el hotel que dirige Kostas, el primo de Eva. El tiene sus “contactos” y nos ayudó a comenzar a organizar el viaje que vamos a hacer a Egipo.
Se hicieron las 17:30hs. Fuimos a caminar un poco por Plaka y a las 18:30hs volvimos al hotel encontrarnos con Kostas. Subimos en su auto y nos llevó hasta el apartamento de Petros en Nea Smyrni. Dejamos algunas cosas y estuvimos un rato ahí hasta que volvimos a salir.
Caminamos una cuadra y tomamos el tranvía de vuelta a Síntagma. Es necesario que haga un ALTO en el relato en este momento. Cuando digo TRANVIA, (argentinos) no piensen en la prolongación sobre tierra de la linea A: nada más lejano. El tranvía en Atenas es algo muy futurista que fue instalado para los Olímpicos del 2004. El diseño de los vagones es obra del mismísimo Pinin Farina (el mismo que diseñó el Ferrari). Llegamos a Síntagma y caminamos hacia Plaka, un pequeño barrio a los pies de la Akrópilis, lleno de casitas multiformes con estrechas calles y mercaditos por doquier.
Como buenos turistas fuimos capturados por un tipo en la puerta de un restaurante al pie de unas largas escaleras ascendentes, quien nos llevó hasta la terraza del mismo y nos ubicó en una mesa. Cuando nos sentamos en la mesa estaba allí: el Erection.
La Akrópolis nocturana es algo magnífico. Mi primera sensación fue: “¿Dónde carajos estoy?”… Uno no comprende si está en un estudio de Hollywood, Universal Studios, Disney o qué… Completamente iluminadas, las paredes sobre la pierda se imponen y reclaman “autóritas”. El pequeño templo se luce en medio de la piedra, iluminado y en nuestro caso, acompañado por musica típica en vivo. Un hermoso escenario para una comida perfecta: ensalada griega, pan pita, tsatziki (una salsa a base de yogurt y pepino), saganaki (queso típico frito), dolmadakia (hojas de parra rellenas) y ouzo (un trago típico anisado) que nos regalaron de cortesía al final.
Luego de comer caminamos calle arriba hacia la Akrópolis. Llegamos hasta la reja que lo separa de Plaka y nos metimos por una de esas tantas callecitas de no más de un metro de ancho, llenas de casas una al lado de la otra sin ningún planeamiento urbano, giros inesperados y gatos que observan inmóbiles como estatuas. Seguimos caminando hasta volver a Síntagma y tomamos el tranvía de vuelta al apartamento.
Ahí tampoco pudimos conectarnos a internet.
Dormimos.









